martes, 11 de septiembre de 2012

Hacia la huelga general indefinida en la enseñanza pública


COLECTIVO BALTASAR GRACIAN

1. La experiencia del pasado curso

Aunque la política general de recortes ya se había iniciado bajo Zapatero, ha sido el gobierno de Rajoy el que ha hecho de ella el eje principal de su Gobierno y fue Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, quién decidió el pasado curso utilizar la enseñanza madrileña como banco de prueba para las propuestas más ultraneoliberales de actuación ante la "crisis". 

La respuesta del profesorado madrileño fue ejemplar, arrastrando a amplios sectores sociales en defensa de la enseñanza pública contra unas agresiones hasta entonces inéditas. Quien más quien menos ha hecho su propio balance de esa experiencia y de sus resultados. Para muchos, el resultado de la experiencia del curso pasado fue frustrante: se tuvo y se perdió, por la pacata actitud de los sindicatos mayoritarios, la oportunidad de vencer a la Consejería de Educación de la CM y de echar atrás las instrucciones de principios de curso. L a prolongación del conflicto y la intermitencia de las huelgas en Secundaria, la escasa generalización a otros niveles de la enseñanza y el callejón sin salida a que llevó la ilusa política "negociadora" de los dirigentes sindicales, terminó por malograr un potente movimiento al que faltó la suficiente extensión, autonomía y contundencia para culminar exitosamente ese primer embate. Tal análisis justifica sobradamente la posición de un sector de vanguardia de los enseñantes que considera que sólo una actitud de verdadera fuerza puede obligar a nuestros gobernantes a cambiar su política educativa.

2. Un nuevo, más grave y amplio escenario

Sin embargo, este comienzo de nuevo curso, no nos encontramos ante la simple repetición, corregida y aumentada, del pasado. Durante el último curso escolar hemos asistido a una cadena ininterrumpida, y de una intensidad jamás conocida, de ataques a todos los trabajadores, a todos los servicios públicos, a todos los derechos sociales y democráticos que considerábamos intocables. La invalidación de todo tipo de convenio laboral o marco legal anterior, el despido masivo de interinos y personal laboral en todos los servicios públicos, los salvajes y sucesivos recortes en presupuestos y gastos -empezando por los salarios-, el desmantelamiento de las estructuras básicas de las prestaciones sociales, la subida de los impuestos indirectos y el consiguiente aumento de precios... se han extendido ya a todas las comunidades. Perdida toda su autonomía y su capacidad de financiación, todas se pliegan a las condiciones impuestas por el gobierno, que a la vez se somete a las dictadas por el BCE y por Bruselas.

En el caso de la enseñanza, a la tremenda precariedad a que se le ha condenado con los despidos de profesores (¿80.000 a escala estatal?), el aumento de horas de trabajo de los profesores y de las ratios de alumnos, la disminución de salarios y de recursos... se añade la ofensiva reaccionaria emprendida por el ministro Wert en cuanto al funcionamiento de los centros y los contenidos curriculares incluidos en su "nueva reforma educativa", descaradamente orientada a satisfacer intereses privados y confesionales.

3. Hay que parar este proceso de destrucción masiva

Esta política es una verdadera declaración de guerra a las conquistas sociales y a los derechos democráticos más elementales (trabajo, casa, salario digno, subsidio o pensión, salud, educación...) y, como no podía ser menos, está levantando multitud de protestas y de movilizaciones (parados, mineros, funcionarios, hospitales, guarderías, centros de estudio...). En todas partes se plantea el mismo problema: ¿Cómo parar esta destrucción masiva de lo público y al gobierno que la empuja?

Cada movilización, por parcial o sectorial que sea inicialmente, no puede por menos que apuntar a la necesidad de extenderse, de juntar fuerzas y de confluir para llegar a una verdadera Huelga General sin plazo fijo, hasta conseguir parar la política de recortes ("justificados" por el pago de una deuda que no es de los trabajadores y que, todos sabemos, nunca se podrá terminar de pagar) y echar a los gobiernos que la aplican .

Con esa dinámica hacia la Huelga General, nada tienen que ver los esfuerzos de los principales dirigentes sindicales por aislar y contener cada una de las luchas en curso (como en los casos recientes de la educación en la CM y la minería en Asturias, León y Teruel...), mientras tratan de desviar los objetivos políticos hacia el redil de las instituciones -de escandaloso comportamiento antidemocrático- solicitando al gobierno un improbable y estéril referendum .

Ese horizonte presente no releva a nadie de sus propias responsabilidades e iniciativas de lucha. Pero es necesario aprender de la experiencia pasada y tomar el pulso a la situación actual. De nada servirá, y el profesorado lo sabe, volver a la sucesión de concentraciones "verdes" y/o de manifestaciones testimoniales. También hemos aprendido la ineficacia de las huelgas esporádicas o intermitentes, que terminan agotando los esfuerzos desplegados en un sinfín de actuaciones y de momentos.

De ahí que muchos docentes hayan sacado conclusiones de la lucha desarrollada el curso pasado y pongan de manifiesto que sólo la paralización del sistema educativo con una huelga indefinida puede echar atrás los planes de recorte generalizado. Pero tamaña empresa sólo será posible si se plantea partiendo de las condiciones actuales: Cualquiera que sea el ámbito en que esa propuesta tome su impulso, su éxito dependerá de que adquiera una dimensión estatal y logre unir todos los niveles de la enseñanza. La reivindicación unificadora no puede ser otra que la "Derogación de los recortes ya decretados" . Objetivo que, a su vez, permite caminar en la misma dirección con el resto de los servicios públicos , igualmente en trance de desmantelamiento y privatización, y contribuir al movimiento en ciernes de Huelga General del conjunto de los trabajadores para echar a este Gobierno y parar las medidas que nos llevan a la ruina (como está sucediendo en otros países) bajo el dictado del FMI, la UE y el BCE (y detrás, el Bundesbank), sólo interesados en salvaguardar las millonarias ganancias de banqueros y especuladores.

4 ¿Por dónde empezar?

Dejando de lado las posiciones derrotistas -que las hay y las habrá-, y pasando por alto las propuestas de los dirigentes de los sindicatos mayoritarios, promotores habituales de variopintas maniobras de entretenimiento y distracción, estamos con quienes no se resignan al proceso de destrucción definitiva de la Escuela Pública y de los Servicios Públicos, de las propias condiciones laborales de los docentes y del conjunto de los trabajadores. No existe ningún destino, ni "divino" ni humano, escrito e irremediable. Únicamente están perdidas de antemano las batallas que no se dan. Pero también es verdad que no basta el conocimiento preciso del terreno que se pisa y la buena voluntad de unos pocos para retomar la lucha de manera eficaz.

Si los dirigentes de las organizaciones mayoritarias de que se han dotado los trabajadores (CCOO y UGT, en particular) estuvieran a la altura de sus responsabilidades, el camino hacia una Huelga General de verdad sería más fácil y rápido. Sabemos que no es el caso, aunque los trabajadores deben aprovechar cualquier convocatoria como punto de apoyo para manifestar su rechazo a las medidas del gobierno y su disposición a la lucha. Es probable que ese camino se vaya desbrozando a través de muchas luchas en diferentes sectores y en distintos puntos geográficos. Nadie está obligado a esperar ese llamamiento desde "arriba", que puede que nunca llegue, a no ser por la presión de las luchas existentes.

En ese sentido, la propuesta de huelga indefinida en la enseñanza madrileña que se ha anunciado para el día 17 de septiembre, con el lema de que "en estas condiciones, no comienza el curso", aun respondiendo a la decisión voluntariosa de algunos sectores de vanguardia del profesorado para continuar la lucha emprendida el curso pasado, no debe plantearse al margen de las condiciones exigidas para que tenga eco suficiente. E n las actuales circunstancias, una iniciativa de huelga dentro de un sector y en una sola región sólo puede tener posibilidades de éxito si se convierte en la chispa que extienda el incendio al resto de sectores y de comunidades. Pero eso no debe dejarse al azar o a la improvisación . Sea para esa fecha o para más adelante, lo importante es preparar las condiciones para una huelga efectiva y masiva. No basta lanzar una convocatoria y dejar fiado su éxito a un seguimiento espontáneo e imprevisible. Es del todo imprescindible empezar por poner de nuevo en pie las asambleas de centro, de zona y regional, para impulsar la discusión y para tomar decisiones soberanas (que nadie pueda luego ignorar o desfigurar). De quedar en el esfuerzo aislado de unos pocos, la retirada llevará a más frustración dentro de un sector que ha demostrado con creces su capacidad de respuesta cuando ha visto motivos claros y una disposición colectiva para la lucha.

Septiembre de 2012
Colectivo Baltasar Gracián

Fuente: http://www.colectivobgracian.com/

1 comentario:

Anónimo dijo...

A ver si lo entiendo, si la huelga no funcionó el curso pasado era por que como no era indefinida no consiguió nada, pero si es indefinida y total de toda la enseñanza, entonces si, la gente la haría, se retirarían los decretos, dimitiría Lucía Figar y Aguirre se jubilaría.

y que esto no sucede porque los pérfidos sindicatos pactistas y vendidos la frenan.

Vale, vale